Bienvenido a la Categoría de Páginas Amarillas

Las Tentaciones en el Desierto

Compárteme en tus Redes Favoritas

Facebook
Twitter
LinkedIn
X
Email
WhatsApp
Pinterest
Print

“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba. Estuvo cuarenta días y cuarenta noches sin comer, y después sintió hambre. El diablo se acercó entonces a Jesús para ponerlo a prueba, y le dijo: ‘Si de veras eres Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en panes’. Pero Jesús le contestó: ‘La Escritura dice: «No solo de pan vivirá el hombre, sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios»’. Luego el diablo lo llevó a la santa ciudad de Jerusalén, lo subió a la parte más alta del templo y le dijo: ‘Si de veras eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque la Escritura dice: «Dios mandará que sus ángeles te cuiden. Te levantarán con sus manos, para que no tropieces con piedra alguna»’. Jesús le contestó: ‘También dice la Escritura: «No pongas a prueba al Señor tu Dios»’. Finalmente el diablo lo llevó a un cerro muy alto, y mostrándole todos los países del mundo y la grandeza de ellos, le dijo: ‘Yo te daré todo esto, si te arrodillas y me adoras’. Jesús le contestó: ‘Vete, Satanás, porque la Escritura dice: «Adora al Señor tu Dios, y sírvele solo a él»’. Entonces el diablo se apartó de Jesús, y unos ángeles acudieron a servirle”.

“Cuando Jesús oyó que habían metido a Juan en la cárcel, se dirigió a Galilea. Pero no se quedó en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaúm, a orillas del lago, en la región de las tribus de Zabulón y Neftalí. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había escrito el profeta Isaías: ‘Tierra de Zabulón y de Neftalí, al otro lado del Jordán, a la orilla del mar: Galilea, donde viven los paganos. El pueblo que en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en sombras de muerte’. Desde entonces Jesús comenzó a proclamar: ‘Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca'”.

“Jesús iba caminando por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Jesús les dijo: ‘Síganme, yo los haré pescadores de hombres’. Al momento dejaron sus redes y se fueron con él. Un poco más adelante, Jesús vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron”.

“Jesús recorría toda Galilea, enseñando en la sinagoga de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba a la gente de todas sus enfermedades y dolencias. Se hablaba de Jesús en toda la región de Siria, y le traían a cuantos sufrían de diferentes males, enfermedades y dolores, y a los endemoniados, a los epilépticos y a los paralíticos. Y Jesús los sanaba. Mucha gente de Galilea, de los pueblos de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la región al oriente del Jordán seguía a Jesús”.

El cuarto capítulo del Evangelio según San Mateo presenta la preparación mesiánica y el victorioso arranque del ministerio público de Jesucristo. Tras ser ungido por el Espíritu Santo en el bautismo, Jesús es conducido inmediatamente al desierto para enfrentarse al adversario de la humanidad. El ayuno de cuarenta días evoca los cuarenta años de travesía del pueblo de Israel y los cuarenta días de ayuno de Moisés y Elías. En las tres tentaciones, Satanás intenta desviar al Mesías de su misión de Siervo sufriente, incitándolo al uso egoísta del poder milagroso para saciar la carne, al espectáculo vanaglorioso para tentar la providencia divina y a la idolatría a cambio del dominio político del mundo. Frente a cada asalto, el Redentor responde de manera soberana citando el libro del Deuteronomio, demostrando una obediencia perfecta al Padre donde Israel había fallado.

Vencida la prueba, y ante el encarcelamiento de Juan el Bautista, Jesús traslada su residencia a Cafarnaúm de Galilea. Este desplazamiento no es casual; Mateo enfatiza el cumplimiento explícito de la profecía de Isaías 9:1-2, revelando que la “Galilea de los gentiles”, una región sumida en la penumbra espiritual y fronteriza con los pueblos paganos, es la primera en presenciar la radiante Luz del Reino. El mensaje inicial de Jesús resuena con la misma urgencia profética que el del Bautista: “Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca”. La irrupción del Reino demanda una conversión radical de mente y corazón (metanoia).

A orillas del mar de Galilea, el llamado del Mesías adquiere una dinámica comunitaria y transformadora. Al llamar a Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan, Jesús demuestra su autoridad divina exigiendo un seguimiento inmediato. Los cuatro pescadores responden con una prontitud asombrosa, abandonando redes, barcas e historias familiares para convertirse en “pescadores de hombres”. El capítulo concluye trazando el modelo del ministerio integral de Cristo: la enseñanza en las sinagogas, la proclamación del Evangelio y la sanación compasiva de toda dolencia física, mental y espiritual. Esta triple manifestación desata una fama arrolladora que atrae a muchedumbres de todas las regiones colindantes.

Esta victoria sobre el mal y la luz que amanece en la oscuridad conectan íntimamente con la revelación del Antiguo Testamento. El libro del Deuteronomio recuerda que el Señor hizo pasar a su pueblo por el desierto para afligirlo y probarlo, enseñándole que “no solo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor” (Deuteronomio 8:3). Los Salmos aseguran que Dios dará orden a sus ángeles para que nos guarden en todos nuestros caminos (Salmo 91:11-12), aunque también advierten tajantemente: “No tentaréis al Señor vuestro Dios” (Deuteronomio 6:16). Asimismo, el profeta Isaías anunció con gozo que el pueblo que caminaba en tinieblas vería una gran luz sobre la tierra de Zabulón y Neftalí (Isaías 9:1-2). En la literatura sapiencial, el libro del Sirácida exhorta al creyente diciéndole: “Hijo, si te acercas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba; mantén el corazón firme, sé constante y no te alarmed en el tiempo de la adversidad” (Sirácida 2:1-2). En la cotidianidad, Mateo 4 nos invita a cimentar nuestras vidas en la Palabra de Dios para vencer las tentaciones del mundo y a atender con prontitud el llamado del Maestro.

Dijo Jesús: Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. Juan 14:23

En el marco de la divergencia teológica sobre la tentación, la gracia y la vocación eclesial, la tradición Católica ve en el ayuno y las tentaciones de Cristo en el desierto el fundamento ascético del tiempo sagrado de la Cuaresma, enseñando que Jesús venció como Cabeza del Cuerpo Místico para dar a los fieles la gracia necesaria para triunfar sobre el pecado. La teología católica destaca que el llamado incondicional de los cuatro primeros apóstoles establece el germen de la Jerarquía Eclesiástica y del sacerdocio ministerial, donde la entrega de bienes y redes prefigura los votos religiosos y la consagración apostólica para la edificación de la Iglesia a través de los sacramentos y la doctrina.

Por su parte, la tradición Evangélica y Protestante enfatiza la absoluta suficiencia de la Escritura (Sola Scriptura) como el arma suprema del creyente frente a los engaños del enemigo, tal como lo ejemplificó Cristo al responder invariablemente “Escrito está”. La teología protestante acentúa que las tentaciones demuestran la impecabilidad y la perfecta obediencia de Cristo como el Segundo Adán, cuya justicia es imputada al creyente por la fe. Asimismo, el llamado a ser “pescadores de hombres” se interpreta como la Gran Comisión dada a cada creyente regenerado para proclamar el mensaje del arrepentimiento y la salvación por la pura gracia de Dios.

El cuarto capítulo de Mateo culmina asegurándonos que en medio de los desiertos y tormentas del mundo, Jesucristo es la luz invencible que disipa toda oscuridad. Su victoria sobre el tentador nos garantiza que, amparados en su Palabra y fortalecidos por su gracia, podemos caminar firmes hacia la gloria del Padre.

Dijo Jesús: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8:12

Aplicación a la vida diaria

El pasaje de Mateo 4 nos impulsa a recurrir cotidianamente a la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras para discernir y vencer las sutiles tentaciones del egoísmo, el orgullo y el materialismo. Nos llama a escuchar la voz de Cristo que hoy nos dice “Sígueme”, animándonos a dejar atrás apegos, miedos y redes del pasado para disponernos a ser instrumentos de sanación, consuelo y salvación para nuestro prójimo.

Moraleja o Enseñanza

Ninguna fuerza del mal o del desierto puede prevalecer frente a la verdad de la Palabra de Dios y la obediencia del corazón. Quien atiende el llamado de Cristo y camina a la luz de su verdad, experimenta el poder transformador del Reino y se convierte en luz y esperanza para un mundo necesitado.

Lionel Valentín Calderón
Author: Lionel Valentín Calderón

Administrador del Portal. Artista, Caricaturista y Escritor Pepiniano nacido en Añasco, laureado nacional e internacionalmente.

Publicado por: Lionel Valentín Calderón
Administrador del Portal. Artista, Caricaturista y Escritor Pepiniano nacido en Añasco, laureado nacional e internacionalmente.

publicidad

Leave a Reply

Best of Negocios